Imagen corporal y verano

Diversidad corporal femenina y autoaceptación con Ana Serrano Psicóloga en verano

Como ya sabes, la relación con el cuerpo es algo que para muchas es complicado, algo que se ve potenciado en verano. La relación que tienes con tu imagen corporal puede verse perjudicada verano por todos los cánones de belleza y presión estética que hay en la sociedad. Tener que enseñar partes de tu cuerpo que normalmente tapas con la ropa, exponerte a situaciones sociales que no te hacen sentir cómoda… entre un largo etcétera, pueden ser potenciales disparadores de malestar, ansiedad y otras reacciones emocionales.

Presión social y complejos

Como ya hemos hablado en otras ocasiones, los cánones de belleza actuales son cada vez más irreales y difíciles de alcanzar, lo que va de la mano de una presión estética cada vez mayor.

La presión estética es una forma de opresión social que afecta más a las mujeres por la estructura social patriarcal. A través de esta, se fijan ciertas normas y estándares sobre qué cuerpo y qué físico se debe tener para considerarse “atractiva”, “guapa”, “deseable”, “valiosa”… Ejerciendo esto una gran presión sobre cómo “hay que ser” para ser deseable. 

¿Qué pasa cuando no cumples esos estándares?

Lo más normal es que la mayoría de la población no se ajuste a esos cánones de belleza. ¿Motivos?

1. Los cánones son un constructo social y, como tal, es creado por los seres humanos en función de las creencias de cada cual. Imponer un estándar de belleza basado en las creencias de algunas personas, genera un sesgo al dejar a mucha parte de la población fuera del marco.

2. Cada persona tiene cualidades y atributos diferentes. ¿Implica eso que quién no se ajusta al constructo establecido por unos cuantos, no tiene valor?

3. Ese constructo social creado en base a unos pocos pero que luego se generaliza a muchas otras personas, es imposible de alcanzar porque no se ajusta a la realidad. Los rasgos, las medidas, el pelo, las uñas, la manera de moverse… todo lo que imponen estos cánones, son incompatibles con la naturalidad en las personas.

4. Y lo más importante. Aunque te ajustases a esa imagen corporal “perfecta” impuesta socialmente, no implica que vayas a sentirte mejor ni seas más valiosa. Tu valor no depende de tu físico.

Ana Serrano Psicóloga trabaja la imagen corporal y la autoaceptación en mujeres

La realidad es que como partimos de mucha presión social con este tema, al no ajustarte a lo que te dicen que debes ser, puedes sentirte insegura, tener un impacto en tu autoestima y generar complejos.

Además, el sistema se sostiene porque gracias a generarte esas inseguridades y complejos, te empujan hacia los retoques estéticos y de ahí la monetización de tus inseguridades. El problema es que a ti se te generará la creencia de que “nunca es suficiente” porque siempre habrá algo que conseguir para llegar a esa “imagen corporal ideal”.

Un sistema social que genera necesidades

Una vez generada la creencia de “no ser válida o suficiente” por no ajustarte a lo que esperan de ti, ya se ha generado la necesidad de tener que cambiar algo para “ser suficiente o válida”.

Pero, ¿Qué pasa si no tengo dinero o no quiero invertirlo en eso? O, ¿Qué pasa si sigo sintiéndome poco válida aun habiendo cambiado lo que no me gustaba? La respuesta es que es muy probable que, si no se aborda el tema desde la raíz, el malestar siga estando ahí.

Tips para cuidar la relación con tu imagen corporal en verano

  • Cambia la pregunta. En lugar de “¿cómo se ve mi cuerpo?”, prueba con “¿cómo se siente mi cuerpo hoy?”.
    Esto desplaza la atención del juicio externo a la experiencia interna, es decir, a lo que está pasando dentro.
  • Detecta el mandato (y cuestiónalo). El verano suele activar exigencias muy concretas (delgadez, piel perfecta, etc.). Pregúntate: ¿de quién es esta voz? ¿es realmente mía o aprendida? Nombrarlo ya es una forma de tomar distancia.
  • Practica la autocompasión corporal. No necesitas amar cada parte de tu cuerpo todo el tiempo. A veces, basta con tratarlo con respeto: descansar, hidratarte, protegerte del sol, moverte de formas que te resulten agradables.
  • Amplía el significado del cuerpo. Tu cuerpo no es solo una imagen: es también sensaciones, historia, memoria, vínculo.
    Conectarte con eso (por ejemplo, a través del movimiento, la respiración o el contacto con el agua) ayuda a salir del foco estético.
  • Cuida los entornos que consumes. Redes sociales, conversaciones, comentarios… todo influye. Si algo te hace sentir inadecuada, no es trivial: puedes poner límites, silenciar, elegir otros referentes más diversos y reales.
  • Permítete ocupar espacio. El enfoque feminista insiste mucho en esto: no necesitas reducirte para ser aceptada. Tu cuerpo tiene derecho a estar, a mostrarse, a disfrutar del verano sin pedir permiso.
  • Observa sin castigar. Habrá días de incomodidad corporal. No pasa nada. El objetivo no es eliminar esos momentos, sino no convertirlos en ataque constante hacia ti misma.
  • Reconecta con el placer (no con la exigencia). Moverte, comer, vestirte… pueden ser experiencias de disfrute, no de control.
    El cuerpo también es una vía de placer legítimo, no solo un objeto de evaluación.
  • Nombra lo que sí valoras de tu cuerpo. No solo en términos físicos (“me gusta mi piel”), sino funcionales y vivenciales (“me permite nadar”, “abrazar”, “descansar”). Esto construye una relación más completa y real.
  • Haz espacio para tu propia definición de bienestar. Desde lo humanista, no hay un modelo único de “cuerpo correcto”.
    Tu bienestar no tiene que coincidir con el ideal cultural dominante.

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